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Instrumentum Laboris para el Sínodo de la Amazonia: Condenación de la propiedad privada y exaltación de la pobreza

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Las graves y justas acusaciones que ha recibido el Instrumentum Laboris (IL) para el Sínodo de la Amazonia se han centrado en la consideración de que su texto es contrario a la tradición de la Iglesia y a las enseñanzas de la Revelación.

Sin embargo, existe un aspecto central en la redacción del IL que no ha sido suficientemente considerado. Se trata de su posición delante de la propiedad privada y del natural anhelo a la riqueza.Proudohn

La redacción del IL está enteramente inspirada en la concepción marxista de que la propiedad privada constituye un robo y la iniciativa privada es fruto del egoísmo humano. La Amazonia es presentada por el IL como el ejemplo de propiedad comunitaria, y el modo paupérrimo de su existencia, como un ideal a ser imitado.

En sentido opuesto, el mundo Occidental, es presentado como el enfermo del afán de lucro y de ganancias inmoderadas, que se debe evitar.

Estas dos ideas, la pobreza es sana porque es fruto de la solidaridad y la riqueza es mala porque es causa y consecuencia del egoísmo humano, se encuentran a lo largo de toda la redacción del IL. De ahí que cualquier lector atento deba concluir precisamente lo sostenido por Proudhon: “la propiedad es un robo”.

Pasemos al texto:

Ya en su primera parte, relativa al “Buen vivir” el IL dice: “Este modo integral se expresa en su propia manera de organizarse, que parte de la familia y comunidad, y abraza un uso responsable de todos los bienes de la creación. Algunos de ellos hablan del caminar hacia la ‘tierra sin males’ o en busca de ‘la loma santa’, imágenes que reflejan el movimiento y la noción comunitaria de la existencia”.

Este nuevo “Edén” se caracterizaría por la noción ‘comunitaria de la existencia’, luego por el rechazo a la apropiación de la tierra o de los medios de producción. Y por eso, ella sería una “loma santa”.

La serpiente de este “Edén” amazónico “proviene de intereses económicos y políticos de los sectores dominantes de la sociedad actual, en especial de empresas extractivas, muchas veces en connivencia, o con la permisividad de los gobiernos locales…”.

Para no quedar en generalidades, el IL detalla las características de esta serpiente que amenaza al “Buen vivir”: “apropiación y privatización de bienes de la naturaleza, como la misma agua; concesiones madereras legales e ingreso de madereras ilegales; caza y pesca predatorias, principalmente en ríos; megaproyectos: hidroeléctricas, concesiones forestales, tala para producir monocultivos, carreteras y ferrovías, proyectos mineros y petroleros; contaminación ocasionadas por toda la industria extractiva que produce problemas y enfermedades, sobre todo a los niños/as jóvenes”.

Además de ser un absurdo afirmar que alguien o alguna empresa pueda estar pretendiendo privatizar el agua del río más caudaloso del mundo, la simple enumeración de los factores de amenaza al “Buen vivir”, demuestra que para los redactores del IL cualquier adelanto y progreso, fruto de la iniciativa privada, constituye un mal a condenar.

Así, el IL considera a la Amazonía como un lugar santo, y quienes viven ahí, como una especie de religiosos con voto de pobreza y dedicación al cuidado de “la casa común”: “En la Amazonía, la vida está inserta, ligada e integrada al territorio, que como espacio físico vital y nutricio, es posibilidad, sustento y límite de la vida. Además, podemos decir que la Amazonía (es) un lugar de sentido para la fe o la experiencia de Dios en la historia. El territorio es un lugar teológico desde donde se vive la fe, es también una fuente peculiar de revelación de Dios”.

Esta visión religiosa de los pueblos amazónicos, se hace aún más patente en el IL cuando afirma que: “La Amazonía es el lugar de la propuesta del ‘buen vivir’, de promesa y de esperanza para nuevos caminos de vida. (…)  no hay separación ni división entre las partes. Esta unidad comprende toda la existencia: el trabajo, el descanso, las relaciones humanas, los ritos y las celebraciones. Todo se comparte, los espacios privados – típicos de la modernidad – son mínimos. La vida es un camino comunitario donde las tareas y las responsabilidades se dividen y se comparten en función del bien común”.

Esta presentación idílica de la vida comunitaria de los pueblos amazónicos está íntimamente ligada al hecho de que en ella todo “se comparte”, y que los “espacios privados son mínimos”. Es decir, que nadie puede decir “esto es mío o tuyo”. La noción de propiedad privada está excluida.  

Sin embargo, para el IL esta situación ideal de visa comunitaria está en crisis, “por la imposición del mercantilismo, la secularización, la cultura del descarte y la idolatría del dinero”. Estos “males” son condenados de modo genérico, sin distingos ni aclaraciones.

El IL no aclara si el deseo del progreso individual o familiar, es idolatría del dinero. Tampoco dice si el querer producir para vender y comprar sea de por sí, mercantilismo. O si el mero deseo de poder tener acceso a los bienes de la sociedad moderna, es ya rendirse a la cultura del descarte.

El documento deja la impresión al lector que el deseo de progreso material en base al enriquecimiento individual y familiar es el pecado a evitar. Tal impresión se afirma aún más cuando en la conclusión de la primera parte del IL los intereses económicos son presentados, nuevamente de modo general, como: “ávidos de petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales, etc.” 

Es decir la posesión de los bienes produce inevitablemente la avidez, y ella no sería sino el fruto fatal del egoísmo.

¿En qué se diferencia esta concepción de la máxima según la cual “la propiedad privada es un robo”?Eugenia​Misionera valenciana en la Amazonía Eugenia Lloris: “Plantamos con ellos la mandioca, hacemos la harina, comemos los mismos alimentos y colgamos la red como ellos para dormir; nos bañamos en los ríos, y llevamos la vida que ellos llevan”. Según Eugenia Lloris, a simple vista puede parecer que se trata de una labor “no religiosa”, -expresa-, pero “¿acaso la defensa de la vida no es la primera evangelización que estamos llamados a vivir?”

En el subtítulo “No a la destrucción de la Amazonia”, el IL afirma que quienes pretenden destruir este orden comunitario del Buen vivir están “guiados por un modelo económico vinculado a la producción, la comercialización y el consumo”.

Aquí ya no cabe ninguna duda sobre su ojeriza al derecho de propiedad y al deseo de enriquecimiento individual. La “producción, comercialización y consumo” son condenados por el IL como destructores del paradigma amazónico. Luego, no queda más que concluir que los pueblos amazónicos no deben “producir, comercializar ni consumir”. Lo que equivale a una condenación de pobreza perpetua de carácter pseudo religioso. 

Dejamos para un próximo artículo el análisis de los otros capítulos respecto a esta exaltación de la pobreza, como modelo de vida para todo el género humano, y la condenación de la propiedad privada y de la riqueza que ésta genera.

Si algún lector nos objetase que este amor a la pobreza es un ideal evangélico, le respondemos que si los pueblos del Amazonia renuncian a los bienes de esta tierra por el amor a los bienes eternos, no habría sino elogios a formular por tal desprendimiento.

Pero la realidad es muy distinta. Los amazónicos, al igual que todos los hombres, anhelan el progreso y el bienestar económico. Son los organismos influenciados por la visión marxista de la realidad, que pretenden sustituir el fracaso de sus postulados después de la caída del Muro de Berlin, por esta visión romántica de la pobreza y de la renuncia a la propiedad privada.

greenpeace

Prueba de lo anterior son las pesadas multas con que se sancionan a los pueblos indígenas que viven en la Amazonia brasileña y que producen y comercializan en su tierra. En realidad, este “ideal de pobreza” general sólo se consigue impidiendo por la fuerza la acción de la iniciativa privada. De ahí que los propios indios reclamen con justa razón que a ellos los quieren transformar en una sociedad de “pobres” para admirar desde fuera. Cosa que evidentemente ellos no quieren. 

Lástima que el IL se haga un perfecto eco de esas voces que exaltan el “miserabilismo forzoso”.

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