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¿Pobreza como ideal para todos?

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Ideal para todos?

Hay un aspecto contradictorio en los documentos del Instrumentu Laboris y de la Red Eclesial para la Amazonia (Repam), con relación a la pobreza de la población amazónica y de la pobreza en general.

Por un lado se dice que siendo la población amazónica una de las más pobres del planeta, ella merece especial atención y cuidado. Mientras que por otra parte se dice que uno de los aspectos más encomiables de la población autóctona es la pobreza en que viven y su despreocupación con la riqueza.

No queda claro, para quien acompaña la ya enorme cantidad de declaraciones eclesiásticas al respecto, si la pobreza es un mal económico a resolver, o un bien moral que se debe mantener.

Así por ejemplo, en la opinión del sacerdote Dario Bossi, misionero italiano y asesor de la Red Eclesial Pan-Amazónica (Repam), los participantes en el Sínodo deben hablar en pro del disfrute exclusivo y la autonomía de los pueblos amazónicos. “De hecho, la Iglesia ha estado tomando una posición en esta dirección durante mucho tiempo. El Sínodo solo confirmará esta posición”.

Ahora bien, quien habla de “disfrute” ipso facto da a entender enriquecimiento, pues el concepto no quiere decir otra cosa sino “gozar el fruto” de las riquezas naturales. Sin embargo es sabido que los enormes recursos del Amazona, entre los cuales los minerales, requieren de alta tecnología para su explotación, cosa de la cual los nativos carecen totalmente.

¿Podrán los indios asociarse con empresas que les proporcionen los recursos para ello? ¿Podrán las empresas privadas arrendar zonas, pagando el debido precio a los indígenas, para la explotación de esas riquezas? ¿Podrán emplear en los trabajos manuales a los propios indios, pagando el debido salario?

Si ellos son los únicos dueños de sus riquezas, ¿por qué razón ellos no podrían, por estos u otros medios, aprovecharlas de mejor manera y obtener mejores rendimientos?

Los documentos eclesiásticos al respecto, responden que esta actitud “apropiativa” de los recursos indígenas los llevarían a una posición de capitalistas y los corrompería de su “inocencia nativa”. Así, los indígenas deberían contentarse con ser enteramente pobres, viviendo de la caza y de la pesca.

Sucede, sin embargo, que la gran mayoría de la población indígena ya está urbanizada y naturalmente quiere un progreso proporcional al resto de la población brasileña. Obligarlos a mantenerse en la pobreza es desconocer sus necesidades más naturales y humanas.

Quizá algún lector nos objete, que al contrario de oponerse a esas necesidades, lo que el Sínodo pretende no es sino el cumplimiento del mandato de Nuestro Señor Jesucristo: “Procurad el reino de Dios y su justicia, y lo demás os será dado por añadidura” (Mateo 6:33)

Tal objeción se choca con otro aspecto altamente controvertible de las mismas autoridades eclesiásticas de la Repam.

El Observatorio Romano, del Vaticano, en su edición del 11 de setiembre pasado, publicó una entrevista con el sacerdote jesuita colombiano. Alfredo Ferro Medina. El entrevistado declara que uno de los más importantes desafíos para la Iglesia es determinar cómo implementar la “evangelización”. Sin embargo, él entiende la “evangelización” no como proclamación del Evangelio, sino como participación en un “diálogo intercultural e interreligioso” [en aras del “diálogo”].

Es decir, no se trata de comunicar el Reino de Dios, de acuerdo a lo enseñado por Nuestro Divino Redentor sino de entrar en “diálogo” con chamanes y cultos paganos de todo tipo.

O sea, los indígenas no deben procurar las riquezas, pero tampoco deben buscar el Reino de Dios. A no ser que se sostenga que ese Reino se encuentra igualmente en el paganismo cuanto en el cristianismo.

***

En definitiva. Los portavoces del próximo Sínodo han dejado tres cosas claras.

Primero, ellos no quieren que los pueblos indígenas soluciones su situación de pobreza, sino que se mantengan en ella.

En segundo lugar, ellos no quieren que abandonen sus cultos paganos, sino que los mantengan.

Por último, ellos quieren expandir a la Iglesia universal la fórmula indígena de pobreza y cultos ancestrales.

A bien decir, no se entiende por qué entonces tanto despliegue de propaganda, pues si se trata de dejar a los indígenas como pobres paganos, al igual que se han mantenido por siglos, entonces no valdría la pena hacer absolutamente nada.

Pareciera entonces que la única preocupación del Sínodo es precisamente esta: que ellos no salgan del obscurantismo pagano y de miserable retraso en que algunos aún se encuentran y que de este modo sean ejemplo para el resto del mundo.

Precisamente lo más opuesto al mandato Divino: “Procurad el Reino de Dios, y lo demás os será dado por añadidura”.

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