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Desde la Teología de la Liberación a la Teología ecofeminista Una revolución enquistada en la Iglesia (I)

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La teología ecofeminista y los presupuestos teológicos del Sínodo de la Amazonia

Para comprender mejor los principios que animan a las corrientes que están queriendo hacer del próximo Sínodo, una “Iglesia con rostro Amazónico” queremos dar a conocer la teología que se hace llamar “ecofeminista” y que impregna las propuestas que hasta ahora se conocen para esa próxima reunión sinodal.

  Antes de exponer los principales postulados de esta neo revolución eco feminista, creemos importante recordar algunos puntos fundamentales de la Doctrina Católica para que el lector pueda evaluar con seguridad cómo ella se encuentra en las antípodas de lo que enseñan estas nuevas teólogas.

El Catecismo nos enseña que Dios creó el cielo y la Tierra y que hizo al hombre a su “imagen y semejanza”. Dotado de alma espiritual y de razón, el hombre puede, a través de la contemplación de las demás criaturas, conocerlo, amarlo y servirlo en esta vida, para gozar eternamente de su presencia en el Cielo.

Hay por lo tanto una alteridad absoluta entre Dios Creador y su creación. En ella podemos encontrar imágenes de la perfección divina, pero Dios es puro espíritu, trascendente y perfecto. El está en todos los seres creados, como el artista está en todas sus obras de arte; ellas no se confunden con el autor.

En segundo lugar, Dios creó los seres de modo jerárquico. El grado más alto de esta jerarquía lo ocupan los ángeles, seres dotados de puro espíritu, inmortales. Santo Tomás St. Thomas Aquinasenseña sobre ellos que “La naturaleza angélica ocupa el lugar medio entre la divina y la corpórea”, [1] es decir entre Dios y los hombres. Entre los seres dotados de cuerpo, el hombre es la más perfecta de sus criaturas, pues –creado a su imagen y semejanza- sólo él tiene un espíritu inmortal y un fin eterno. Por esta razón, el Génesis enseña que al hombre le fue dado desde el comienzo el “dominio” de la naturaleza

 -aunque no de modo absoluto- para que la perfeccionase conforme al modelo del Creador.

De ahí viene que el hombre, en todos los tiempos y lugares, enfrentase las adversidades de la naturaleza y de su propia contingencia para buscar el progreso de su existencia. Impelido por este recto y natural afán de progreso, en todas las épocas históricas se formaron las culturas y las civilizaciones.

 Estas culturas y civilizaciones pudieron prosperar en la medida que respetaron el orden natural y decayeron en la misma medida que se apartaron de las leyes que Dios imprimió en el interior de los corazones.

Por ello, la principal norma de conducta del hombre en esta Tierra es la de practicar el bien y de rechazar el mal, en todas sus manifestaciones, lo que se encuentra perfectamente codificado en los 10 Mandamientos de la Ley de Dios, como se enuncian en el Antiguo Testamento y se asumen, perfeccionados, en la revelación cristiana.

Para rescatar al género humano del pecado de nuestros primeros Padres, Dios Nuestro Señor se encarnó en el seno purísimo de la Virgen María, murió en lo alto de la cruz y resucitó al tercer día. Así nos abrió las puertas del cielo y nos compró, con el valor infinito de su preciosa sangre, la vida eterna.

Para que esta gracia de redención pudiese llegar a todos los hombres, Nuestro Señor fundó la Santa Iglesia Católica –Cuerpo Místico de Cristo- instituyendo a Pedro como cabeza del Colegio Apostólico con la misión de “enseñar, gobernar y santificar” a los fieles. Para esta misión creó el sacramento del orden sagrado, para el cual llamó sólo a varones.

A la mujer le reservó primordialmente el papel de esposa y madre en el orden temporal y de virgen y esposa de Cristo en el orden espiritual. Ella participa de la misma dignidad que el hombre, pero uno y otro están llamados a cumplir distintas misiones y responsabilidades en la sociedad humana.

***

Síntesis de las tesis ecofeministas [2]

242379Como veremos, todas estas verdades fundamentales de la Fe son negadas por una corriente teológica enquistada dentro de la Iglesia Católica, que bajo el nombre de “ecofeminismo”, va “desconstruyendo”, una a una, las enseñanzas de la Revelación y de la Tradición.

De acuerdo a sus propias declaraciones, estas teólogas comienzan su recorrido en la Teología de la Liberación y en el compromiso político-social de las “comunidades de base”. Sin embargo, no les satisface enteramente esta teología, pues la consideran demasiado “machista”.

Según ellas, lo que faltó a la Teología de la Liberación fue aplicar a la mujer la misma hermenéutica que a los pobres y explotados. La mujer, sería la verdadera y más antigua oprimida por la sociedad “patriarcal”, (primero por la religión judía del Antiguo Testamento y posteriormente por el Cristianismo).

Siempre de acuerdo a esta teoría, la segunda oprimida de la historia es la propia naturaleza. El hombre habiendo querido “dominar” la Tierra, la ha explotado sin tener en cuenta que ella es la fuente de la vida y de la energía de todos los seres. Tal presupuesto, al cual no le falta una dosis de verdad, es exagerado al sostener que en este inmenso tejido vivo que es el cosmos, los hombres no serían más que un mero componente en permanente evolución.

Para conseguir salvar, tanto a la mujer cuanto a la naturaleza de su permanente sometimiento, se debe comenzar por “desconstruir” todos los mitos y creencias que la sociedad patriarcal –las Sagradas Escrituras y la doctrina católica- inculcaron, desde el Génesis hasta ahora, a la humanidad.

Naturalmente quienes están llamadas a esta urgente tarea son las mujeres, pues ellas poseen en sus propios cuerpos los secretos de la sabiduría y de la fecundidad de la Tierra. Dejándose llevar por esta intuición mágica de su naturaleza y entrando en sintonía con el ecosistema, ellas salvarán a la tierra y a la humanidad.

Para alcanzar esta finalidad la mujer debe “empoderarse” (tomar poder), pero no con el “poder sobre”, propio de la lógica de los hombres, sino con un “poder desde” o un “poder con”.

Es decir, no se trata de querer competir con los hombres en los puestos de “poder” que ellos detienen, el “empoderamiento” de la mujer debe comenzar en sus propios cuerpos, que cargan la memoria de la violencia de milenios de opresión. El cuerpo de la mujer es el centro vital desde el cual deben partir todas las consecuencias teológicas del ecofeminismo. [3]

De este modo se llegará a una sociedad andrógina, donde no existirán géneros ni dualidades y donde todos los seres, vivos (y muertos), coexistirán en el respeto a las normas olvidadas de la diosa madre, la naturaleza.

***

Algunos pensarán que tales aberraciones sólo pueden darse en la cabeza de pobres extraviadas que, de tanto leer sofismas, llegaron a esas conclusiones. ¿Pero qué diría Ud. si supiese que esta doctrina está siendo enseñada por religiosas de Chile y de América Latina, que ella posee una vasta red de contactos internacionales, que cuenta con publicaciones que llegan a conventos y que son estudiadas y puestas en práctica en “retiros” a lo largo y ancho de todo el Continente?

Es lo que iremos entregándole a partir del análisis publicado por la asociación “Acción Familia” en el libro: “Desde la Teología de la Liberación a la Teología ecofeminista”. Una revolución enquistada en la Iglesia”.

Ud. podrá encontrar las claves que le podrán ayudar para comprender la profunda revolución que desde una reunión sinodal y como propuesta para toda la Iglesia se pretende introducir.

[1] Suma teológica – Parte Ia – Cuestión 61. Sobre la producción de los ángeles en su ser natural

[2]El ecofeminismo como concepto fue nombrado por primera vez a finales de 1970 por Françoise  D’eaubonne, una socióloga francesa que lo define como la crítica a modernidad desde el feminismo y el ecologismo, estableciendo la conexión ideológica que existe entre la explotación de la Naturaleza y la de las mujeres al interior del sistema jerárquico-patriarcal. La modernidad se inicia con el orden que impone la caza de brujas, esa complicidad perpetrada entre el poder religioso, el político y el académico, donde quedan redefinidos el papel de las mujeres en la familia o en el convento, y el de la Naturaleza, dominada por el espíritu científico de los Hombres. Por eso las mujeres, al igual que los indígenas, y los negros pasan a ser ‘naturaleza’ quedando fuera de la ‘cultura’“.

http://www.nodo50.org/mujerescreativas/ECOFEMINISMO.htm.

[3]La filosofía del empoderamiento tiene su origen en el enfoque de la educación popular desarrollada a partir del trabajo en los años 60 de Paulo Freire, estando ambas muy ligadas a los denominados enfoques participativos, presentes en el campo del desarrollo desde los años 70. Aunque el empoderamiento es aplicable a todos los grupos vulnerables o marginados, su nacimiento y su mayor desarrollo teórico se ha dado en relación a las mujeres. Su aplicación a éstas fue propuesta por primera vez a mediados de los 80 por DAWN (1985), una red de grupos de mujeres e investigadoras del Sur y del Norte, para referirse al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos (materiales y simbólicos) y refuerzan sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos. Desde su enfoque feminista, el empoderamiento de las mujeres incluye tanto el cambio individual como la acción colectiva, e implica la alteración radical de los procesos y estructuras que reproducen la posición subordinada de las mujeres como género”. (Cf. http://mujerespoder.blogspot.com/2007_04_01_archive.html)

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