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Interculturación: ¿sólo plumas y batuques?

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Para quien se da el trabajo de acompañar los “Briefing” del Sínodo de la Amazonía, queda con una sensación contradictoria.

Todas las ponencia tienen el mismo lenguaje de “salida”, de “apertura”, de “reconocimiento” de “ecología integral”, etc. etc., sin embargo , pareciera que para algunos de los padres sinodales que exponen en estas ocasiones, tales expresiones no pasan de meras concesiones secundarias en la liturgia y en la catequesis.

Quienes proponen esta visión “moderada” de la “interculturación” insisten fundamentalmente en dos cosas. En primer lugar, que en materia de liturgia lo que nos dejó Jesús establecido es muy poco y a ello la Iglesia añadió con el correr de los siglos, formas de comunicarse con Dios, que provienen de la cultura occidental.

Luego, concluyen éstos “moderados”, es lógico que al querer comunicar la Palabra a los pueblos amazónicos, lo hagamos incorporando aspectos de su propia cultura.

xamanismoEn pocas palabras, unos cuantos “batuques”, más plumas que mitras y un incienso hecho con yerbas amazónicas, dejaría a todos contentos.

En sentido opuesto, al oír a otros exponentes en los mismos briefing se queda uno con la impresión de que los exponentes quieren una completa adaptación de la Iglesia, en su teología y liturgia, a las ciencias de la Madre Tierra. Esta, poseería, mucho más que nosotros –católicos occidentales- una sabiduría oculta, que sólo podremos alcanzar despojándonos de nuestro raciocinio europeo y de nuestros prejuicios, “Extra Ecclesiam nulla salus”.

Síntomas característico de estas posiciones “divergentes” son, entre otras cosas,  la forma en que se presentan cada uno de sus representantes.  

Los expositores “moderados” usan en estas ocasiones el alzacuello, la cruz pectoral, en general están bien afeitados. (Obviamente que nunca de sotana).

Iglesia en TramspotinaLos segundos, más allá de su propia vestimenta aggiornata, están representados por el carnaval amazónico de la Iglesia Santa María in Traspontina. Allí, las “celebraciones” sólo tienen de católico el hecho de que sean “celebradas” al interior de un templo tradicional. En el templo, todos sus símbolos, mármoles e imágenes parecieran llorar delante de lo que presencian.

Esta sensación de contradicción nos lleva a preguntar, ¿al final, cuál de estas dos posiciones, “moderada o arditi”, triunfará en la redacción del documento final?

En realidad, la respuesta a esta interrogante es de poco importa, pues lo esencial es saber si la teología y la liturgia católica son fabricaciones del hombre, y en este caso las incorporaciones son neutras; o si el lenguaje es inmutable porque no se trata del modo en que los hombre se comunican con Dios, sino la forma que Él nos entregó para comunicarse con los hombres.

Para resolver esta disyuntiva, viene a propósito recordar las enseñanzas del Papa Benedicto XVI, publicadas en el prólogo para la edición rusa a sus Obras Completas.

“Nihil Operi Dei praeponatur − Nada se anteponga al Culto Divino. Con estas palabras san Benito, en su Regla (43,3), estableció la prioridad absoluta del Culto Divino respecto a cualquier otra tarea de la vida monástica.

“… En los años que siguieron al Concilio Vaticano II he vuelto a ser consciente de la prioridad de Dios y de la Liturgia Divina. La malinterpretación de la reforma litúrgica, que se ha extendido ampliamente en la Iglesia Católica, llevó a poner siempre cada vez más en primer plano el aspecto de la instrucción y de la propia actividad y creatividad. El hacer de los hombres hizo casi olvidar la presencia de Dios. En esta situación se hace cada vez más claro que la existencia de la Iglesia vive de la correcta celebración de la liturgia y que la Iglesia está en peligro cuando el primado de Dios ya no aparece en la liturgia y, por tanto, en la vida.

 “La liturgia non deve essere l’autorappresentazione della comunità –quando si dice che è importante che ognuno vi vetta dentro se stesso- e poi alla fine resta importante solo l’io stesso. Si tratta invece del fatto che noi entriamo in qualcosa di molto più grande; che in un certo qual modo usciamo da noi stessi per prendere il largo. Per questo è tanto importante che la liturgia non sia in qualche modo una nostra creazione”.

Tales conceptos no podrían ser más claros y oportunos.

La disyuntiva, en el fondo no es entre “moderados” y “arditis”, sino entre católicos y modernistas. Para los católicos, las enseñanzas y la liturgia que deviene de esas enseñanzas divinas son sagradas, inmutables y camino para la salvación de todos los hombres.

Para los “modernistas”, el único dogma es estar al día con el mundo. De ahí que, siendo lo tribal, lo salvaje y lo esotérico la última moda,  no puede ser que no sea ella el soplo del espíritu, al que debemos recibir con “valentía”.

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