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Teologia Indígena

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Un tema candente

La perspectiva de un levantamiento indígena en América Latina, peligro muy real en 1992, que expusimos en nuestro último artículo, causó sorpresa en algunos lectores. ¡Y no es para menos! Mientras que órganos de prensa y toda suerte de gente “bien informada” repetían que el comunismo murió, veíamos su espíritu revivir en la forma de un nuevo tipo de lucha de clases, que enfrentaba ya no proletarios contra burgueses, sino países pobres contra países ricos.

Aspecto importante de esta nueva lucha de clases, decíamos, son los ingentes esfuerzos para soliviantar el elemento indígena en América Latina, y lanzarlo en una especie de segunda guerra de independencia contra el “neocolonialismo” económico y cultural de Occidente. Tal lucha tendría el carácter no apenas de una “liberación” política y social – como en el viejo marxismo – sino más profundamente, de rechazo visceral de la civilización occidental y cristiana, y de reivindicación de las culturas y creencias tribalistas, vistas como realización avanzada de los ideales revolucionarios.

La mano de la izquierda “católica”

Entre los múltiples aspectos de esta movilización indígena cabe destacar el papel, frecuentemente central, de la izquierda “católica”, teniendo a su cabeza la Teología de la liberación, que algunos optimistas juzgaban ya muerta.

Most Rev. Leonidas Proaño with indiansPionero de dicha movilización fue Mons. Leonidas Proaño, obispo de Riobamba, Ecuador, fallecido en 1988. Explicando sus objetivos, declaró cierta vez: “La única via que queda a los pueblos de América Latina para cambiar el llamado ‘orden establecido’ es una auténtica revolución (…) global, radical, rápida” (1). Según Mons. Proaño, dicha revolución global tendría por protagonistas a los indios. Con el fin de prepararla, reorganizó su diócesis, a fines de los años 50, en la forma de comunidades de base, y comenzó un amplio trabajo de “conscientización” con el elemento indígena (2). No fue, pues, casualidad que la rebelión indígena que sacudió Ecuador en julio de 1990 tuviese como principal foco precisamente Riobamba.

Con el fin de explorar el potencial revolucionario de dicha pastoral con los indios, Mons. Proaño convocó, en agosto de 1976, un congreso internacional del cual participaron 16 obispos de las tres Américas, amém de 35 sacerdotes, religiosas y agentes pastorales. Destacábanse entre los participantes Mons. Sergio Méndez Arceo, entonces obispo de Cuernavaca, Méjico, y principal mentor de Cristianos por el Socialismo; y Mons. Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal de las Casas, Méjico, otro ferviente indigenista.

Considerando que la reunión tenía carácter subversivo, el gobierno ecuatoriano ordenó el allanamiento del local. Muchos documentos internos fueron aprehendidos. En medio a la conmoción internacional que se siguió, el Subsecretario de Gobierno, Dr. Xavier Manrique, apareció en la televisión, a fin de justificar tan drástico procedimiento. Citando extensamente los documentos de trabajo del congreso, acusó a los participantes de “preparar una lucha de clases con enfrentamientos raciales” y de “tratar de producir un antagonismo racial desconocido en nuestra tierra” (3).

Particularmente, el ministro citó dos documentos. El primero, intitulado “Repercusiones en el Pueblo”, presentaba a los indios como uma “clase oprimida” que debería buscar su “liberación” através de una lucha de clases de contenido racial. El segundo – tal vez el más polémico – delineaba nada menos que los fundamentos del plan de agitación indígena trazado por la izquierda “católica”. Este documento, según el Dr. Manrique, “es una bien elaborada lección sobre los diversos sistemas que enseñan a alterar el orden constituido y a promover la desobediencia civil, escalando paulatinamente grados de alteración de la paz social, hasta cómo derrocar gobiernos”.

Esta movilización indígena bajo la égide de la izquierda “católica” continuó y, hacia el fin de la década, había ya adquirido claro carácter internacional.

Most Rev. Samuel Ruiz with zapatistasEn setiembre de 1979 tuvo lugar un encuentro en San Cristóbal de las Casas, bajo la égide de Mons. Samuel Ruiz. Participaron del encuentro – intitulado “Movilización Indígena y Teología de la Liberación” – medio centenar de indígenas de varios paises latinoamericanos, en su mayoría militantes de comunidades eclesiales de base (CEBs), bien como teólogos de la liberación, sacerdotes, religiosas y agentes pastorales encargados de la “conscientización” de los indígenas dentro de las CEBs. Entre los teólogos se destacaba el P. Gustavo Gutiérrez, fundador de la Teología de la liberación.

El objetivo de este encuentro internacional, según leemos en un documento del mismo, era: “1) conocer la movilización de los indígenas en proceso de liberación; 2) explicar la vivencia de la fe en esas experiencias liberadoras; 3) llegar a compromisos”. En otras palabras, encajar el movimiento indígena dentro del proceso revolucionario fomentado por la Teología de la liberación a nivel continental. “Se pretendía – continua el mencionado documento – conocer la movilización liberadora que habían desplegado los indígenas, poniéndola en marcos más generales que el propio nacional” (4).

Este congreso fue un hito importante en la creciente articulación indígena. “Ahora estamos más organizados que nunca – reza el documento final – hay organizaciones independientes de puros indígenas. Va habiendo más coordinación. Ya tenemos asociaciones y confederaciones que en algunos casos llegan a ser internacionales”.

El encuentro culminó con un llamado para “fomentar alianzas de indígenas a nivel internacional” rumbo a um “comprometimiento” (sic) con las luchas liberadoras.

Levantamiento indígena frente el V Centenario

Una década después, este “comprometimiento” había alcanzado su madurez, por lo menos en algunas regiones. Y precisamente cuando, en 1992, el V Centenario ponía en foco todo el problema de la colonización de América Latina, como impulsados de repente por invisible mano, grupos indígenas – desde Canadá hasta Argentina—comenzaron a agitarse y algunos, inclusive, a sublevarse por las armas. Se hablaba de un “levantamiento indígena” que, en algunos países, causó derramamiento de sangre.

“Existe esta cuestión indígena, en este momento, desde el norte de Méjico, pasando por los altos de Chapas, por Guatemala y llegando hasta Argentina, y hasta los Mapuches en Chile”, explicaba el teólogo de la liberación brasileño P. Oscar Beozzo en su ponencia durante el XI Congreso de Teología Juan XXIII, realizado en Madrid. Y continuaba: “Hay en este momento una concertación indígena tremenda en América Latina. Y frente a la cuestión del V Centenario, yo creo que son los grupos que plantean las cosas más radicales”.

Teología indígena

Pero el movimiento de la Teología de la liberación no se limita a fomentar esta sublevación. Está también elaborando una fundamentación pseudoteológica para ella, que ya está siendo llamada de Teología indígena. Dicha teología nada más es que la adaptación de la vieja Teología de la liberación al nuevo contexto de la neorrevolución tribalista. “Muchas veces se tiene la impresión que murió la teología de la liberación, que murieron las comunidades de base. ¡Falso!”, afirmaba enfáticamente el exsacerdote chileno Pablo Richard Guzmán en su ponencia durante el susodicho Congreso Juan XXIII. Y continuaba: “Es posible reconstruir hoy la teología de la liberación y las comunidades de base, pero hay que adaptarlas a la nueva coyuntura. Es lo que estamos haciendo”.

El propio Richard se encargó de dar algunos lineamientos de esta nueva teología. Cabe resaltar que el antiguo militante de Cristianos por el Socialismo se presentó no sólo a título individual, sino como portavoz de la corriente indigenista. “Este tema”, decía, “nace de una preocupación individual y colectiva. Desde hace algunos años, en el equipo del DEI, estamos estudiando esta temática” (5). La “temática”, claro, es el indigenismo: “Me cupo la suerte de trabajar, en estos últimos seis años, con grupos indígenas. Estamos en contacto, en el DEI, con muchos grupos indígenas. Actualmente, en el taller que estamos haciendo, tenemos a quince líderes intelectuales de grupos indígenas trabajando con nosotros. (…) Yo traigo casi como un encargo [de exponer] el tema indígena (…) la teología indígena”.

¿Qué es la teología indígena?

Rechazo de la obra evangelizadora de la Iglesia

El punto de partida de esta teología indígena es el rechazo de la obra evangelizadora y civilizadora de la Iglesia en el Nuevo Mundo. Según esta concepción, los misioneros cometieron un “error histórico” al asimilar los indios a la religión católica y la cultura occidental, pues los indios tenían religiones y costumbres milenares que, bajo muchos puntos de vista, eran superiores a las que los misioneros traían. Los indios, repetía Richard idílicamente, tenían “religiones milenares, en las que había fe antes que llegase Cristóbal Colón y sus ‘boys’. (…) Eran religiones impresionantemente profundas, puras. Había allí una santidad, una profundidad espiritual impresionante” (6).

Al convertir los indios a la religión católica, dentro del marco de la civilización occidental, los misioneros habrían perpetrado un verdadero genocidio. “La primera evangelización”, decía el teólogo chileno en medio de aplausos, “fue el genocidio de la conquista y la colonización. Se habla de 80 millones de indígenas muertos. Tal evangelización perjudicó profundamente los pueblos indígenas. Destruyó su alma y su identidad”.

“Los indios son los verdaderos evangelizadores del mundo”

De esta contundente – y asaz arbitraria – afirmación fluye una segunda idea-maestra de la teología indígena: los misioneros no pueden pretender evangelizar a los indios según las concepciones hasta hace poco vigentes en la Iglesia, esto es, intentando convertirlos a la Fé católica. “Yo algunas veces voy al monte con la Biblia y a los pocos instantes ya no se dónde meterla”, contaba Richard ilustrando esta idea, “Me da vergüenza. ¿Cómo voy yo a hablar allí de San Pablo, de San Juan y de Moisés a pueblos que tienen dos mil años de tradición?”.

Para recalcar esta idea, el teólogo chileno leyó, con evidente simpatía, una insolente carta supuestamente enviada por indígenas peruanos a Juan Pablo II durante su viaje a dicho país en 1988. Dice el chocante documento: “Nosotros, indios de los Andes y de América decidimos aprovechar la visita de Juan Pablo II para devolverle su Biblia. Porque en cinco siglos no nos dió ni amor ni paz ni justicia. Por favor, tome de nuevo su Biblia y devuélvala a nuestros opresores, porque ellos necesitan de sus preceptos morales más que nosotros”.

Los teólogos indigenistas proponen una “nueva evangelización”, diametralmente opuesta a la que la Iglesia siempre realizó. Ya no se trata de acudir a los pueblos indígenas para enseñarles la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, sino antes bien de rescatar sus creencias y costumbres milenares. En otras palabras, el misionero no debe enseñar sino aprender. “No podemos proponer una nueva evangelización si no a partir del rescate de la plenitud de la vida, de la cultura y del alma indígena”, afirmaba Pablo Richard, “Debemos abrir caminos a una evangelización liberadora desde las religiones milenares de nuestros pueblos indígenas”.

Most Rev. Tomás BalduinoEs en este contexto que se entienden las impresionantes declaraciones proferidas en 1977 por Mons. Tomás Balduino, obispo de Goiás, Brasil, y lider de la corriente indigenista. Decía este prelado: “La convicción profunda de los misioneros ligados a la Iglesia es que estos pueblos indígenas son los verdaderos evangelizadores del mundo. Nosotros los misioneros no vamos a ellos como quien lleva una doctrina o una evangelización que Cristo nos trajo y nos confió. Nosotros vamos a los indios sabiendo que Cristo ya nos antecedió en medio de ellos, y que allí están las ‘Semillas del Verbo’. Tenemos la convicción de que los indios ya viven las Bienaventuranzas. Y que, por eso, somos nosotros los que nos tenemos que convertir a sus culturas” (7).

¿Cómo se puede afirmar que Nuestro Señor precedió a los misioneros en medio de los indios? ¿Cómo es posible que un obispo de la Santa Iglesia declare que son los clérigos los que se deben convertir a las culturas indígenas? Entramos aquí en el meollo de la teología indígena.

Vuelta a la revelación primitiva

Sin entrar en detalles – que pueden quedar para futuro artículo – digamos que, según los teólogos indigenistas, habría habido una primitiva revelación divina plasmada en la naturaleza, en el cosmos. Esta revelación no debe ser entendida como la manifestación de un ser transcendente, sino más bien como una cierta vitalidad inmanente en la propia naturaleza. La aprehensión directa de esta vitalidad constituiría la experiencia religiosa.

En cierto momento, al pretender el hombre ser superior a la naturaleza y usarla en su provecho, este contacto con la vitalidad inmanente se habría roto. Dios entonces tuvo que hacer una segunda revelación, la registrada en la Biblia, para que los hombres pudiesen entender intelectivamente por lo menos algo de lo que ellos antes aprehendían por conaturalidad. Las Sagradas Escrituras serían, pues, una especie de substituto, necesariamente inferior, para la revelación original, a cuya luz tendría que ser interpretada. Sólo los pueblos indígenas, intocados por el egoismo de la civilización moderna, habrían guardado intacta la revelación primitiva.

La recusa de interpretar la Biblia a la luz de las creencias indígenas, altivamente despreciadas como “primitivas”, habría hecho con que la evangelización basada en las Sagradas Escrituras redundase en rotundo fracaso, produciendo egoismo, guerras, opresión y devastación de la naturaleza. Los teólogos indigenistas proclaman, pues, que ha llegado el momento de volver a la revelación original guardada fielmente por los indios durante milenios. Los occidentales, dicen estos teólogos, debemos acudir a los pueblos indígenas, golpear el pecho en profundo confiteor, y pedirles humildemente que nos ilustren en la revelación primitiva.

Haciéndose eco de dichas doctrinas, explicaba Pablo Richard en su mencionada ponencia durante el congreso de teólogos de la liberación que “Dios escribió dos libros. El primer libro de Dios es el cosmos, la cultura, la religión indígena. Este es el libro fundamental de Dios. Dios escribió otro libro también, la Biblia. Pero la Biblia fue escrita para ayudarnos a leer el primer libro de Dios”. La “nueva evangelización”, entonces, sería la vuelta a la revelación original. “Hay que partir de este primer libro de Dios, que es la cultura y la tradición indígena”, concluía el teólogo chileno.

¿El camino del futuro?

Éste es el camino del futuro para la izquierda “católica”, según el exsacerdote: “Yo creo que hoy en día hay una posibilidad de reconstruir una iglesia liberadora en América Latina, es posible reconstruir la Teología de la liberación y las comunidades de base. Hay aquí, realmente, un espacio de esperanza (…) a nivel de los pueblos indígenas”.

No nos engañemos, pues, estimados lectores. La teología de la liberación no ha muerto. Antes bien está ella avanzando rumbo a manifestaciones cada vez más radicales. ¿Conseguirá ella alcanzar sus nuevos objetivos? Depende en gran parte de nosotros. Depende de nuestro ahinco en denunciar esta nueva fisionomía del viejo enemigo. Depende, sobre todo, de nuestro entusiasmo en proclamar la doctrina perenne de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, contra la cual las puertas del infierno nunca prevalecerán.j

Notas

(1) “Mons. Leonidas Proaño. Hacia una Iglesia Liberadora”. Colección Decir, N§ 6, Quito, Centro de Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, s/f, p. 15.

(2) Leonidas Proaño, Creo en el Hombre y en la Comunidad, Desclé de Brower, Bilbao, 1977, pp. 69ss.

(3) Expreso, Guayaquil, 26 de agosto de 1976.

(4) “Movilización Indígena y Teología de la Liberación”. Documento mimeografado de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, pp. 1-2.

(5) DEI, Departamento Ecuménico de Investigaciones, de San José de Costa Rica, uno de los principales focos de la Teología de la liberación.

(6) Durante el Primer Encuentro Pan-Amazónico de Pastoral Indigenista realizado en Manaus, Brasil, en 1977, el P. Cesáreo de Armellada, delegado venezolano, asemejó los misioneros católicos a serpientes en el Paraiso. Declaró el sacerdote capuchino: “En los relatorios de ciertos misioneros aparecen unos pueblos indígenas adornados con toda especie de virtudes, capaces de provocar la envidia de los  ngeles. Es claro que, con este presupuesto, nosotros [misioneros] no podemos desempeñar otro papel que el de serpientes en el Paraiso”. La Religión, Caracas, Venezuela, 7-7-1977.

(7) D. Tomás Balduino, “Este povo veio para ser o sal, o fermento e a luz.” Versus, São Paulo, Brasil, año 12, julio-agosto de 1977, p. 16. Apud Plinio Corrêa de Oliveira, Tribalismo Indigena, ideal comuno-missionário para o Brasil do século XXI, Editora Vera Cruz, São Paulo, 4a edición, 1978, p. 88.

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