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El chamanismo promovido por los documentos pre-sinodales: ¿Refugio espiritual para indígenas modernizados o tabla de salvación para burgueses citadinos con disturbios existenciales?

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No hay duda que el Sínodo de la región Panamazónica tendrá una dimensión universal. Lo dicen sus organizadores: “Se escribe ‘Amazonía” se lee ‘mundo’”, fue como el Osservatore Romano[1] resumió diversas intervenciones del Cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario del Sínodo de los Obispos, y del Cardenal Claudio Hummes, relator de la próxima asamblea sinodal. “El Marcia Maria de OliveiraSínodo representa una importante oportunidad para ‘amazonizar’ el mundo”, declara por su parte la socióloga Marcia Maria de Oliveira[2], nombrada por el Papa Francisco como uno de los peritos sinodales como premio por su participación en todo el proceso sinodal.

Esa universalidad proviene del alcance global tanto de las propuestas pastorales (la abertura del sacerdocio a hombres casados y el reconocimiento de ministerios oficiales a las mujeres) como de las propuestas ecológicas y sociales (rechazo del modelo de desarrollo occidental en nombre del respeto al medio ambiente), como también del propio fundamento metafísico de tales propuestas: la cosmología holística de la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas.

A esos factores de universalidad del Sínodo habría que agregar otro más, que resulta de su dimensión religiosa. Pero no se piense que nos estamos refiriendo a la catolicidad de la Iglesia. Eso tendría, para los organizadores, el mal olor del colonialismo y de la consiguiente destrucción de culturas de que habrían sido cómplices los misioneros europeos. Nos referimos, al contrario, a la universalidad de la religiosidad y de la “medicina” chamánica promovida por los documentos de trabajo de la próxima asamblea sinodal.

En efecto, el primer Documento preparatorio, intitulado “Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, en su sección sobre “Espiritualidad y sabiduría”, promueve las “diversas espiritualidades y creencias” de los pueblos indígenas de la Amazonía, que “los motiva a vivir una comunión con la tierra, el agua, los árboles, los animales, con el día y la noche”. Más aún, enaltece “los ancianos sabios, llamados indistintamente payés, mestres, wayanga o chamanes” por promover “la armonía de las personas entre sí y con el cosmos”[3]. Y el segundo documento, o sea, el proprio Instrumentum laboris que guiará las discusiones de los padres sinodales, hace un elogio de “los rituales y ceremonias indígenas” que “crean armonía y equilibrio entre los seres humanos y el cosmos” y “protegen la vida contra los males que pueden ser provocados tanto por seres humanos como por otros seres vivos”, de donde “la necesidad de preservar y transmitir los saberes de la medicina tradicional”[4].

Festival du Chamanisme 2017

No deja de ser sintomático que esa exaltación del chamanismo como preparación para un Sínodo de la Iglesia Católica haya coincidido con el 12° Festival del Chamanismo que tuvo lugar del 25 al 28 de abril pasados, en Genac, pequeña comuna de la Aquitania francesa. Organizado por el Círculo de Sabiduría de la Unión de Tradiciones Ancestrales, el festival acogió a 180 chamanes y mujeres y hombres-medicina” venidos de los cinco continentes, acogió cerca de 4 mil visitantes y sirvió de marco para “debates, evocaciones de Madre Tierra y ceremonias ancestrales”, según un reportaje del diario francés Le Monde[5]. “Cet engouement pour le chamanisme”, prosigue el vespertino parisino, “considéré par certains anthropologues comme la religion originelle de l’humanité, se manifeste en Europe, aux Etat-Unis ou au Canada depuis une quinzaine d’années », de donde resulta que « des milliers d’occidentaux se rendent regulièrement en Amazonie pour participer avec des chamans guérisseurs (curanderos, de l’espagnol curar, ‘soigner’) à des rituels de prise d’ayahuasca (du quechua aya, ‘défunt’, ‘esprit’, ‘âme’, et huasca, ‘corde’, ‘liane’) une boisson indigène médicinale hallucinogène à base de plantes macérées (…) utilisée depuis 2 000 à 4 000 ans par les Amérindiens ».

El reportage de Frédéric Joignot lleva, en la edición impresa del periódico Le Monde, el título “Chamans de tous les pays…”, una alusión directa al Manifiesto Comunista de Marx y Engels, con la insinuación de que su fracasada utopía socio-económica está siendo substituida por otra de naturaleza religiosa y tribal. Lo que sitúa su reportaje en un prisma muy semejante al de los organizadores del Sínodo Pan-Amazónico.

El periodista explica que “des nombreux curanderos se déplacent désormais pour organiser des séances sous ayahuasca en Europe et aux Etats-Unis, et viennent expliquer leurs pratiques et leur philosophie à divers colloques, comme à la sixième Conférence mondiale sur l’ayahuasca, qui a rassemblé, du 31 mai au 2 juin, à Gerona (Espagne), de nombreux chercheurs en sciences humaines, activistes et chamans à l’initiative de l’International Center for Ethnobotanical Education Research and Service (Iceers) ».

Una rápida imersión en Internet nos enseña que el ICEERS es una ONG que goza de status consultivo junto al Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas y que se consagra “to transforming society’s relationship with psychedelic plants”, o sea, a la legalización de las drogas, ambicionando “a future where psychoactive plant practices are valued and integrated parts of society”. Sus valores son muy semejantes a los de los redactores del Instrumentum laboris del próximo Sínodo:  “Environmental sustainability/Honoring cultural diversity/Respect for indigenous and spiritual traditions/Human rights approach”. El plano estratégico también se parece mucho al de los documentos preparatorios de la Asamblea Sinodal : « Our vision is that of a future where these practices are integrated and valued parts of society – where every individual and each community is granted the right to pursue healing and self-empowerment, where indigenous cultures are respected, and where bridges are built between traditional knowledge and science”[6] (Para ser enteramente objetivos, el ICEERS es más moderado que los prelados y neo-misioneros impulsores del Sínodo, los cuáles quieren que la medicina tradicional sea reconocida sin necesidad de ningún puente con la ciencia, considerada como un desvío racionalista y antropocéntrico, perturbador de la armonía con el cosmos…).

Corroborando la tesis de Plinio Corrêa de Oliveira de que el tribalismo indígena es la nueva cara post-marxista de la Revolución anticristiana, el reportaje de Frédéric Joignot resalta los apoyos que los chamanes y sus rituales con plantas alucinógenas reciben en el mundo académico. Barbara GlowczewskiLa primera autora citada es la antropóloga Barbara Glowczewski, medalla de plata 2018 del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, y autora de Rêves en colère (Plon, 2004). La investigadora ha participado de los tres últimos festivales de Genac y subraya todo el interés de tales encuentros: “De passionnants débats se sont tenus, où les représentants des communautés et les chamans, dont la culture est menacée, ont pu exposer leur situation, échanger, imaginer des alliances. Le public a expérimenté leurs rituels collectifs avec bienveillance, souvent ému et enthousiaste des soins individuels qu’ils procurent. »

Con un lenguage que no destonaría de aquel empleado en el Instrumentum laboris, la antropóloga gala explica que los habitantes de los países ricos que recusan “la destruction des moyens de vie par les industries extractives et les désastres écologique » (o sea, los burgueses citadinos que votan por los Verdes y, desde sus confortables sofás comprados en IKEA, pontifican sobre los incendios en la Amazonía), “cherchent des sources d’inspiration auprès des peuples autochtones et des cosmovisions chamaniques pour lesquelles la terre et l’eau sont vivantes et les plantes ‘enseignantes’ ». Lo que los atrae es una nueva relación al mundo, por la cual ellos  « tentent précisément d’expérimenter le fait que nous pouvons être habités ou traversés par des entités naturelles, esprits animaux, végétaux, feu ou pluie ». Al igual que los redactores de los documentos pre-sinodales, la Sra.  Glowczewski descubre en esa atracción “l’apparition de nouvelles manières d’habiter la Terre, plus respectueuses, où les humains cherchent à retrouver des liens spirituels avec toutes les formes du vivant ». Y, como si ella se hubiese impregnado bien de la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, agrega: “Il ne s’agit pas d’exotisme, mais d’explorer ce que l’Occident a perdu, de se réancrer avec la mémoire des lieux ». (Un re-anclaje tan necesario que lleva a los redactores del Instrumentum laboris a considerar la Amazonía un “lugar teológico”, una “epifanía”…)

Al parecer, los cardenales Baldisseri y Hummes se equivocaron de público. Ellos dirigen sus loas al chamanismo en dirección de los pueblos indígenas, los cuáles, ante el vacío dejado por los neo-misioneros católicos que se recusan a evangelizar y a bautizar, se han volcado masivamente al protestantismo pentecostalista, como denunció recientemente el obispo emérito de la Prelacía de Marajó, Mons. José Luis Azcona. Debieran dirigirlas, en cambio, a los jóvenes burgueses de la sociedad industrial, que en los años 1970 consumían drogas a la búsqueda de una plusvalía lúdica, festiva o sexual (Le Monde dixit), pero que ahora encuentran en el chamanismo “une expérience enrichissante, entre la psychanalyse sauvage, le voyage spirituel et la connexion visionnaire avec la nature: une expérience ‘enthéogène’”, o sea, generadora de un estado modificado de conciencia con fines religiosos.

De hecho, para el filósofo y sociólogo Raphaël Liogier, ex-director del Observatorio de lo Religioso de Aix-en-Provence, “le chamanisme a tout pour plaire à des Occidentaux en perte de mythologie, inquiets des ravages du matérialisme, parce qu’il symbolise la religion non dévoyée, plus spirituelle que religieuse, non monothéiste donc non dogmatique ni moraliste, écologique car sacralisant la Terre-Mère, enfin, visionnaire et extatique grâce à la prise de plantes psychotropes ». Creyéndose « tous chamans », « les individus globalisés espèrent échapper à leur finitude et au risque planétaire en cherchant de nouveaux mythes et une voie du salut dans des expériences visionnaires inspirées par ceux qui croient encore à la puissance régénératrice de la nature et ne sont pas responsables du désastre environnemental ».

La ayahuasca, ¿nueva « eucaristía » para burgueses con disturbios existenciales, pero deseosos de entrar en comunión con el cosmos de la mano de los curanderos Amerindios? Y, entonces, ¿por qué no reconocer un ministerio eclesiástico oficial en el área de la salud a los payés, mestres, wayanga o chamanes, transmisores de “los saberes de la medicina tradicional” que, con sus “rituales y ceremonias indígenas”, “crean armonía y equilibrio entre los seres humanos y el cosmos” y “protegen la vida contra los males”?

Vasto tema de discusión, implícitamente propuesto a los padres sinodales en los números 87 y 88 del Instrumentum laboris que será discutido durante la Asamblea del 6 al 27 de octubre en Roma. Entre los peritos invitados no faltará algún curandero que podrá darles más detalles sobre aquello que Mircea Eliade llamó de “primera mística” y de “experiencia religiosa primordial” de la humanidad. Perturbada por un tal de Jesucristo que expulsó los demonios y se hizo llamar Hijo de Dios…

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